Colaboración ciudadana: vivir mejor con menos

Irene Santos| Barcelona

13 de enero 2015

¿Cuándo fue la última vez que usaste ese taladro que compraste? ¿Sabes cuántas veces lo vas a usar durante toda tu vida? ¿Podrías calcular el tiempo que pasa tu coche estacionado y el dinero que eso te cuesta al cabo del año? ¿Sabes cuántos días se ocupan las segundas residencias durante un año? Albert Cañigueral, en su obra, “Vivir mejor con menos”,  descubre por qué consumir más no equivale necesariamente a vivir mejor y plantea un nuevo modelo en el que el consumo se entiende como un medio para el bienestar y no un fin en sí mismo. “Vivir mejor con menos” explica las ventajas y alternativas de la nueva economía colaborativa en sectores como la movilidad, el turismo y las finanzas, entre otros; y los profundos cambios que este nuevo modelo económico pueden aportar a nuestra sociedad.

“Vivir mejor con menos” explica las ventajas y alternativas de la nueva economía colaborativa en sectores como la movilidad, el turismo y las finanzas, entre otros.

Según un estudio de las Naciones Unidas,  en 2050 el porcentaje de la población mundial que reside en áreas urbanas pasará del 54% actual al 66%. En menos de 40 años habrá 2.500 millones de personas más poblando megalópolis enfrentadas a enormes retos. Los expertos en urbanismo, arquitectura y movilidad trabajan desde hace años para paliar los efectos que el urbanismo descontrolado puede tener en nuestras vidas y en el entorno.

En algunas pequeñas ciudades, por ejemplo, los ayuntamientos incorporan sus coches al servicio de Car-Sharing fuera del horario en que se emplean por los funcionarios.

Y, en esta órbita, compartir movilidad es una tendencia que se conjuga en presente.  Cada día se observa un mayor uso de variantes como el Car – Pooling, el Car-Sharing entre particulares (Peer to peer) o el Car-Sharing “one way” (uso de una dirección como las bicis de alquiler). Precisamente todas estas variantes tienen un punto en común: estar posibilitadas y potenciadas por las nuevas tecnologías y desarrollarse dentro de ese ámbito urbano de información abierta y multidireccional que llamamos “Smart City”. Pero además, como destaca Albert Cañigueral, estas actividades en torno al consumo colaborativo se desarrollan en un nuevo marco ideológico que tiende hacia una economía mucho más ética y hacia una participación horizontal entre administraciones públicas y ciudadanos. En algunas pequeñas ciudades, por ejemplo, los ayuntamientos incorporan sus coches al servicio de Car-Sharing fuera del horario en que se emplean por los funcionarios. A otro nivel existen interesantes experiencias como Lyft, en San Francisco, una empresa de Car-Sharing Peer to peer con un divertido distintivo, Fes Edit, una plataforma de Car – Pooling cuyo intercambio se produce en “moneda social” o Whabit.com un portal que se lanzará próximamente en Cataluña en el que particulares podrán compartir toda clase de artículos.

En Nerja ha comenzado a funcionar el Banco del Tiempo: sistema de ayuda mutua destinado a los vecinos del municipio para fomentar el intercambio de servicios por tiempo

Ejemplos no faltan, diseminados por nuestra geografía. Así, en Málaga, concretamente en el municipio de Nerja, funciona desde hace escasos días un “Banco del Tiempo”. Se trata de un sistema de ayuda mutua destinado a los vecinos del municipio para fomentar el intercambio de servicios por tiempo, siendo la unidad de intercambio la ‘hora’. Los servicios pueden ser muy variados: desde actividades de acompañamiento (cuidado de mayores, acompañar al médico, etc.) hasta tareas administrativas, clases de taichí, servicios de bricolaje o cuidado de mascotas. Las ideas corren a cargo de los participantes, aunque de la gestión de las ofertas y demandas de cada persona se ocupa la Concejalía de Participación Ciudadana. El objetivo, señalan desde el Ayuntamiento de Nerja, es “promover valores de cooperación, intercambio y solidaridad entre personas de diferentes condiciones edades”. 

 Curitibá: integración de los más desfavorecidos

 Al otro lado del Atlántico, el municipio brasileño lleva varias décadas trabajando para convertir la ciudad en un lugar más habitable. Estos esfuerzos han llenado la ciudad de espacios verdes e infraestructuras para el transporte no motorizado, y han logrado que se recicle el 70% de la basura que se produce.

Una de las iniciativas más rompedoras es el Cambio Verde,  que busca involucrar a las comunidades más desfavorecidas, ofreciéndoles productos básicos a cambio de sus bolsas de plástico.

Ya en los años noventa, la ciudad fue premiada por el programa del Medio Ambiente de las Naciones Unidas y, desde entonces, se la considera un ejemplo de sostenibilidad en la región y en el mundo. Una de las iniciativas más rompedoras es el Cambio Verde,  que busca involucrar a las comunidades más desfavorecidas, ofreciéndoles productos básicos, billetes de autobús e incluso entradas para eventos sociales a cambio de sus bolsas de plástico, envases y otro tipo de basura reciclable.

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